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Alejandrina Vendrell «Una empresa es tan confiable como sus resultados»

Fundadora de Loci Labs y organizadora de Crossing Over LATAM BioExpo, Alejandrina Vendrell traza en esta entrevista un paralelismo entre bioseguridad y ciberseguridad, y explica por qué la integridad de los datos científicos es tan crítica como su confidencialidad.
Alejandrina Vendrell, fundadora de Loci Labs y organizadora de Crossing Over LATAM BioExpo

Hay historias profesionales que empiezan en un laboratorio y terminan construyendo un ecosistema entero. La de Alejandrina Vendrell es una de ellas: investigadora dedicada casi una década al desarrollo de una inmunoterapia contra el cáncer, pasó luego a liderar innovación en la industria farmacéutica y terminó fundando Loci Labs, el primer laboratorio biotecnológico compartido de Latinoamérica, pensado para que un científico pueda investigar con estándares industriales sin necesitar el millón de dólares que cuesta montar su propia infraestructura.

Desde ese lugar, Vendrell impulsa ahora Crossing Over LATAM BioExpo, la primera exposición y conferencia internacional de biotecnología de la región, que se realizará el 21, 22 y 23 de octubre de 2026 en el Centro de Convenciones de Buenos Aires, con más de 3.000 asistentes y delegaciones de más de 30 países.

Para Ciberseguridad Latam, su mirada tiene un valor adicional: en biotecnología, los datos —resultados experimentales, protocolos, propiedad intelectual— son el activo central de cualquier empresa, y su integridad, tan crítica como en cualquier infraestructura financiera. Vendrell traza en esta entrevista un paralelismo directo entre bioseguridad y ciberseguridad, y explica por qué la manipulación silenciosa de datos científicos puede ser tan grave como su robo.

En esta entrevista exclusiva con Ciberseguridad Latam, repasa su recorrido de la ciencia a la industria, el rol de la integridad de los datos en biotecnología y su visión sobre el futuro de la región.


Ciencia, innovación, tecnología y seguridad

—Tenés más de 20 años de trayectoria entre la investigación científica, la biotecnología y la innovación. ¿Qué viste desde adentro del mundo científico que te llevó a identificar la necesidad de construir nuevas formas de transformar el conocimiento en empresas y soluciones concretas?

Como investigadora trabajé unos diez años en una inmunoterapia contra el cáncer. Cuando hubo que pensar en dar el salto a estudios clínicos, aparecieron un montón de variables que no habíamos contemplado: normas de fabricación, patentes, condiciones regulatorias. Ahí entendí que desde la academia sola era muy difícil llegar a un producto y ayudar realmente a las personas. Esa experiencia me llevó a acercarme a la industria para entender ese otro lado del proceso.


—La idea de Loci Labs surgió al detectar que para un científico montar un laboratorio podía implicar una inversión cercana al millón de dólares solamente en infraestructura y equipamiento. ¿Cómo fue ese proceso de identificar ese problema y convertirlo en el punto de partida de un modelo de negocio completamente diferente?

Cuando fui a la industria farmacéutica lideraba el área de innovación y buscaba tender puentes entre ciencia e industria. Veía talento y proyectos, pero faltaba infraestructura y estándares. En industria se trabaja con normas, controles y validaciones que en academia no siempre hacen falta. Esa experiencia me hizo visualizar un lugar donde se pueda investigar con calidad y mirada industrial desde el principio.


—Pasaste de investigar inmunología y vacunas contra el cáncer a trabajar en innovación, transferencia tecnológica y desarrollo de empresas biotech. ¿Cómo cambió tu manera de mirar una tecnología científica a partir de ese recorrido?

Cambió muchísimo. Cuando era científica había variables que ni siquiera sabía que tenía que considerar. Después de transitar la industria y conocer otros actores del ecosistema de innovación, empecé a mirar una tecnología de forma integral: mercado, demanda, diferenciación. Hoy miro una tecnología de una manera completamente distinta a como la miraba hace diez años.


—Una startup biotech puede tener muy pocas personas y, al mismo tiempo, concentrar años de investigación, propiedad intelectual, resultados experimentales, muestras, protocolos y datos. ¿Cómo debería pensar un emprendedor científico el valor de toda esa información desde el momento en que empieza a construir su empresa?

Lo tiene que valorar como algo fundamental, porque es parte de lo que va a generar valor y demanda para la tecnología que está desarrollando. Si no hay propiedad intelectual, por ejemplo, es muy probable que un VC no esté interesado, porque es lo que permite tener cierto período de exclusividad sobre ese producto. Y si no hay un mercado bien determinado, tampoco hay certeza de que, una vez que el producto se desarrolle, se pueda comercializar y realmente se venda. Todo lo que uno pueda visualizar desde el día uno ayuda a diseñar mejor el producto y a ir mejorándolo a partir de ese análisis.


—Desde la perspectiva de Ciberseguridad Latam, nos interesa especialmente una cuestión: en una investigación científica, ¿qué consecuencias puede tener no solamente perder información, sino que alguien consiga alterar silenciosamente los datos, resultados o registros sobre los que después se toman decisiones?

Puede tener consecuencias terribles, porque se pueden tomar decisiones completamente equivocadas o sesgadas a partir de esos datos. Los resultados son uno de los activos más valiosos de una empresa biotech. Siempre pienso en una comparación muy simple: así como una persona es tan confiable como su palabra, una empresa es tan confiable como sus resultados. Si una empresa afirma que una tecnología funciona de determinada manera porque sus datos lo demuestran y después esos resultados no pueden comprobarse, se rompe algo fundamental: la confianza. Eso puede afectar contratos, relaciones con inversores y socios y, en última instancia, comprometer el futuro de la propia empresa.

“Así como una persona es tan confiable como su palabra, una empresa es tan confiable como sus resultados.”


—La ciencia depende de la integridad, trazabilidad y reproducibilidad de los datos. ¿Cómo debería evolucionar la cultura de seguridad de un laboratorio frente a un escenario en el que una parte cada vez mayor de la investigación ocurre sobre sistemas digitales?

La seguridad de los datos tiene que empezar a considerarse parte de la propia infraestructura científica. En Loci Labs tenemos una empresa trabajando en una ISO vinculada con seguridad de la información. A medida que incorporamos inteligencia artificial y sistemas conectados, es fundamental garantizar que los datos estén protegidos y no puedan ser alterados por terceros. En los últimos años esto pasó a ser una dimensión muy importante para cualquier empresa biotech.


—Bioseguridad y ciberseguridad utilizan conceptos como prevención, control de accesos, trazabilidad, protocolos y gestión del riesgo. ¿Qué aprendió el mundo de la biotecnología sobre seguridad física que podría trasladarse al mundo digital, y qué podría aprender la ciberseguridad del laboratorio?

Creo que la contención es un concepto que aplica a ambas. En bioseguridad uno no quiere que lo que está dentro salga, ni que algo de afuera contamine. En ciberseguridad es parecido: no querés que se filtre información hacia afuera, pero tampoco que alguien externo pueda entrar y acceder. Para mí ese paralelismo es clarísimo: fortalecer la contención en las dos direcciones.

“En bioseguridad uno no quiere que lo que está dentro salga, ni que algo de afuera contamine. En ciberseguridad es parecido.”


—Loci Labs incorpora herramientas digitales para gestionar accesos, reservas, compras, entregas, facturación y una libreta electrónica de laboratorio. ¿Qué nuevas posibilidades y qué nuevos desafíos aparecen cuando la infraestructura física de un laboratorio empieza a estar profundamente conectada con su infraestructura digital?

Por ahora trae muchas soluciones. Permite coordinar múltiples equipos a la vez, tener mapas de calor de lo más usado y lo menos usado y, sobre todo, tomar decisiones basadas en datos. Lo complejo a veces es el onboarding y la adopción de estas tecnologías. Sobre todo con las libretas electrónicas de laboratorio, cambiar la forma de trabajo de los científicos y pasar a una plataforma digital puede ser bastante frustrante: muchas veces tienen tantas funciones para adaptarse a todo que terminan siendo más complejas, la curva de aprendizaje aumenta y eso disminuye la adopción.

Y hay otro aspecto muy importante: muchas de estas plataformas ofrecen data integrity, que es algo que exigen las agencias regulatorias. Significa que un dato, por ejemplo de un control de calidad o un proceso, no pueda ser modificado o borrado sin que quede registro. Eso permite preservar lo que realmente ocurrió en ese momento. La digitalización ofrece muchísimas posibilidades para gestionar mejor un laboratorio y tomar decisiones, pero el desafío es que esas herramientas sean usables y, al mismo tiempo, garanticen la integridad de los datos.


—El 21, 22 y 23 de octubre de 2026, en el Centro de Convenciones de Buenos Aires, se realizará la primera edición de Crossing Over LATAM BioExpo. ¿Cómo nació la idea de crear una exposición y conferencia internacional de esta magnitud dedicada a conectar ciencia, biotecnología, industria e inversión en América Latina?

Desde Loci Labs, al tener un espacio que era bastante único en Latinoamérica, empezamos a recibir de manera orgánica delegaciones y visitas de clusters biotecnológicos de distintos países de la región: Chile, Brasil, Uruguay, Colombia, México. Nos dimos cuenta de que todos estábamos trabajando en cosas parecidas y queríamos potenciar a Latinoamérica, pero faltaba conectarnos entre nosotros. Muchas veces terminábamos encontrándonos en conferencias de Estados Unidos o Europa, porque no había un espacio regional que reuniera científicos, industria, startups e inversores. Entonces nos juntamos entre 5 socios y quisimos crear un lugar que conectara esos ecosistemas y esos países, para potenciar a Latinoamérica como región y, al mismo tiempo, facilitarle las cosas a quien quiera llegar desde afuera, invertir o hacer scouting: concentrar esas conexiones en tres días y en una sola ciudad.


—Crossing Over se propone reunir durante tres días a científicos, startups, empresas, inversores, universidades y organismos públicos, con más de 3000 asistentes previstos, más de 100 empresas y organizaciones expositoras y delegaciones de más de 30 países. ¿Qué conversación o conexión te gustaría que ocurriera en Buenos Aires que todavía no está ocurriendo de manera suficientemente efectiva en el ecosistema biotech latinoamericano?

Me gustaría que se conecten más empresas con soluciones. Hoy hay mucha conversación entre emprendedores y fondos alrededor de proyectos que pueden convertirse en unicornios, pero hay muchísimos proyectos válidos que podrían transformarse en grandes empresas sin necesariamente ser unicornios y que hoy no están siendo financiados. Me gustaría que de Crossing Over salgan conexiones donde cada buena idea pueda encontrar una forma de desarrollarse, aunque sea más chica. Y, por otro lado, me gustaría que la biotecnología de Latinoamérica esté en boca de todo el mundo; que se conozca el nivel que hay en la región y que exista un espacio anual que lo muestre.


—El evento combina exposición, conferencias, networking, rondas de vinculación y espacios sectoriales vinculados con salud, agroindustria, alimentos, inversión y transferencia tecnológica. ¿Cómo diseñaron Crossing Over para que no sea simplemente una feria, sino un lugar donde efectivamente puedan nacer negocios, inversiones, alianzas y nuevas empresas?

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Nos juntamos a pensar el evento al que nos hubiera gustado haber ido. Hicimos el evento al que nos hubiera gustado ir.


—Crossing Over también busca conectar a la región con referentes internacionales y posicionar a América Latina como un actor relevante de la bioeconomía global. ¿Qué historia sobre la biotecnología latinoamericana querés que se lleven los inversores, empresas y científicos que lleguen desde otras partes del mundo?

Que se lleven la historia de una región con antecedentes científicos muy sólidos, con premios Nobel que instalaron una cultura de excelencia, especialmente en ciencias médicas. Que gracias a esas bases, en la última década empezaron a surgir proyectos biotecnológicos disruptivos. Capacidad, resiliencia y rigurosidad.


—Uno de los grandes desafíos de la región es lograr que el conocimiento científico se transforme en propiedad intelectual, startups y productos capaces de escalar globalmente. ¿Qué rol puede jugar Crossing Over en ese pasaje de la ciencia a la innovación y de la innovación al mercado?

Creo que lo más valioso es mostrar que hay un camino posible. Que desde la ciencia se puede llegar a un producto y a un paciente, y que ese camino requiere mercado, regulación y socios, no solo ciencia. Y Crossing Over puede ser el medio donde todo eso ocurre.


—El evento tiene además iniciativas como el Science to Innovation Award y el Biotech Startup Award, pensadas para acercar proyectos científicos y startups a mentoría, validación tecnológica, inversores y corporaciones. ¿Qué buscás detectar cuando mirás un proyecto científico o una startup y pensás que puede convertirse en una compañía de impacto regional o global?

Lo primero que miro es la robustez de la ciencia. Y lo segundo, si el problema que está tratando de resolver no se puede resolver de una manera más simple. Si veo que es un problema real y realmente no tiene una forma de resolverse más simple, me parece que tiene potencial.


—América Latina tiene talento científico, biodiversidad, universidades, investigadores y un ecosistema emprendedor cada vez más dinámico. ¿Qué condiciones necesitamos construir —desde infraestructura e inversión hasta propiedad intelectual, datos y seguridad— para que ese conocimiento genere empresas y valor económico que permanezca en la región?

Para que el valor se quede en la región, hacen falta dos cosas muy concretas: más capital local y reglas más ágiles. Sin inversión que apueste desde acá y sin mejorar la aduana y el acceso a insumos y equipamiento, perdemos tiempo y competitividad. Se pueden perder meses solo esperando un reactivo. Y eso nos deja atrás.


Alejandrina, en primera persona

—Cuando mirás hacia atrás y pensás en aquella científica que pasaba horas en el laboratorio, ¿qué cosas de esa mujer siguen presentes hoy en la empresaria, emprendedora y constructora de ecosistemas en la que te convertiste?

La curiosidad. Esa parte sigue exactamente igual.


—¿Cómo fue para vos el proceso de pasar de una carrera basada en la investigación y la evidencia científica a un mundo donde también tenés que convivir con riesgo, incertidumbre, negociación y decisiones empresariales?

Fue para mí muy difícil asumir riesgo económico. Sin embargo, los científicos estamos preparados para fracasar mucho más que para tener éxito, porque casi siempre fracasamos en nuestros primeros experimentos: son prueba y error, prueba y error, y en general hay más error que éxito. Pero poner en riesgo el capital, que es tan necesario para la supervivencia, creo que fue difícil y diferente.


—¿Qué decisión profesional marcó un antes y un después en tu vida y qué te llevó a tomarla en aquel momento?

Tuve varias decisiones que marcaron un antes y un después, asociadas a puertas que se cerraron y a otras que decidí abrir. Empecé Veterinaria pensando en caballos y, cuando ese camino se cerró, me volqué a la ciencia. Después, el choque de realidad en la carrera científica me llevó a mirar hacia la industria. Y más tarde, ya en la industria, descubrí el mundo emprendedor y tomé otra decisión riesgosa: renunciar y emprender, que siento totalmente acertada.


—¿Qué error profesional o empresarial terminó enseñándote una lección que ningún libro, posgrado o mentor podría haberte enseñado?

No sé si hubo un error puntual, pero sí aprendí con la experiencia que no alcanza con concentrarse solo en hacer bien lo propio. También hay que mirar alrededor, entender intereses y anticipar movimientos. Es algo que al principio no dimensionaba y que fui aprendiendo en el camino.


—Después de tantos años en ciencia y tecnología, ¿qué aspectos del mundo científico seguís defendiendo con la misma convicción que cuando comenzaste y cuáles aprendiste a mirar de otra manera?

Algo que sigo defendiendo igual es la rigurosidad de los datos y la toma de decisiones basada en evidencia. Pero lo que cambió mucho es darme cuenta de que esa vara también hay que usarla fuera del laboratorio. Antes era muy estricta con mis datos experimentales, pero podía afirmar cosas sobre mercado, costos o industria sin respaldo real. Hoy tengo mucho más claro que un supuesto también es una hipótesis y que hay que validarla. En el fondo, es extender el método científico a cómo miro el negocio, no solo el experimento.

“Un supuesto también es una hipótesis y hay que validarla. Es extender el método científico a cómo miro el negocio, no solo el experimento.”


—¿Qué parte del mundo empresarial te costó más incorporar y qué terminó enseñándote sobre vos misma?

Creo que lo que más me costó fue aprender a desconectarme del trabajo. Cuando sos dueña de tu propia empresa, es muy difícil llegar a casa, despejar la cabeza y que los problemas no invadan todo lo demás. Y algo que me sorprendió de mí misma fue descubrir que podía aprender a ser empresaria sin haber tenido esa formación de base, ni en mi familia ni en la universidad. Creo que la forma de aprender que te da un doctorado —enfrentarte a problemas que no sabés cómo resolver y encontrar la manera— fue lo que me permitió también aprender a ser empresaria.


—¿Qué personas, encuentros o conversaciones fueron especialmente determinantes en las decisiones que tomaste a lo largo de tu carrera?

Mi directora de tesis y mi primera jefa en la industria fueron personas que me marcaron muchísimo. Y también mi socio, que además es mi marido: me enseña a ver las cosas desde una perspectiva absolutamente opuesta a la mía.


—¿Qué te sigue generando curiosidad después de más de dos décadas trabajando alrededor de la ciencia, la innovación y el emprendimiento?

Todo me sigue dando muchísima curiosidad. Sigo leyendo ciencia y sigo queriendo descubrir algo que nadie haya descubierto antes.


—A lo largo de tu carrera seguramente viste tecnologías que te sorprendieron por su potencial. ¿Cuál es alguna de esas historias que todavía recordás y qué fue lo que te hizo pensar que estabas frente a algo extraordinario?

Los proyectos que incubamos en Loci Labs me parecieron espectaculares cuando los escuché por primera vez. En al menos tres, terminamos apoyando con inversión.


—Cuando pensás en la próxima década, ¿qué transformación te gustaría ver en el ecosistema científico y tecnológico de América Latina?

Me encantaría que Latinoamérica surja como una potencia en biotecnología.


—Si pudieras volver al comienzo de tu carrera y sentarte durante una hora con la Alejandrina de 25 años, ¿qué le contarías sobre el camino que está a punto de recorrer?

Que se agarre fuerte porque está a punto de subirse a una montaña rusa que no para por los siguientes 20 años.

“Que se agarre fuerte porque está a punto de subirse a una montaña rusa que no para por los siguientes 20 años.”


—Después de la investigación científica, la inmunoterapia, las vacunas, la industria, la innovación, Loci Labs y ahora Crossing Over, ¿qué historia te gustaría que pudiera contarse algún día sobre el aporte que hiciste al desarrollo de la biotecnología latinoamericana?

Había una vez una mujer que trabajó durísimo y arriesgó todo su tiempo y dinero persiguiendo un propósito: que en Latinoamérica se pueda hacer innovación biotecnológica de clase mundial.


De la inmunoterapia contra el cáncer a la fundación de Loci Labs, y de ahí a la organización de la primera gran cumbre biotech de la región, el recorrido de Alejandrina Vendrell resume una idea central que atraviesa toda la entrevista: en ciencia, y también en los negocios, la confianza se construye —y se pierde— con datos. Su llamado a fortalecer la integridad y la trazabilidad de la información científica, en paralelo con la seguridad física del laboratorio, es también un llamado de atención para todo el ecosistema de innovación de América Latina.

Crossing Over LATAM BioExpo se realizará del 21 al 23 de octubre de 2026 en el Centro de Convenciones de Buenos Aires.

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